Lo que me habita

Te busco, te busco y no te encuentro,

sé que estás ahí, porque te siento.

Si pienso en ti, te desvaneces,

si te pronuncio, me perteneces.

Me abrazas, me sueltas, luego regresas,

me confundes y al alma atraviesas.

Un día te quedas, otro te alejas,

sin que yo entienda qué tanto reflejas.

Te ignoro con todas mis fuerzas,

creyendo borrar tus huellas dispersas.

Pero ahí estás, agazapado,

silencioso, siempre guardado.

Y yo, ingenua, sigo mi andar,

creyendo que ya te ibas a marchar.

Mas en un vaivén de idas y vueltas,

me hablas profundo, me dejas alerta.

Mi cuerpo te siente, mi mente te esquiva,

te niega, te esconde, me vuelve cautiva.

Pero insistes, creces, sin descansar,

me llenas de hondura, me obligas a estar.

Y dejo de huir, me animo a ver,

mi cuerpo se abre, me dejo vencer.

Mi voz se enciende, me envuelve la vida,

y en tu presencia me encuentro, viva.

Ahí apareces, sin más disfraz,

en pensamientos, en todo lo demás.

Eres mi sombra, mi pulso, mi aliento,

lo que me habita… el sentimiento.